El restaurante Amecà en el puerto presta una atención especial a las necesidades sin gluten con una cocina dedicada. La amabilidad de la propietaria y la calidad de los platos hacen que la experiencia culinaria sea muy apreciada. Una elección recomendada para quienes buscan un ambiente acogedor y seguro para celíacos.
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¡Atención especial al sin gluten con cocina dedicada!
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Gran restaurante, lo recomiendo encarecidamente. La señora propietaria es muy amable y servicial. Los platos son buenísimos. Prestan especial atención a todo lo relacionado con el sin gluten, los celíacos pueden estar tranquilos.
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Es imposible que este establecimiento tenga una calificación de 4.1. Los camareros son muy amables, pero desafortunadamente el servicio es deficiente; cuando el dueño no es bueno, todo el equipo se resiente. Aparecemos en tres, decidimos saltarnos los aperitivos para tener una cena rápida, así que pedimos un pescado del día y dos platos de 'carbonara de mar', uno sin gluten. La camarera nos informa que tendríamos que esperar un poco más para que ellos pudieran realizar el protocolo antidotación - nota positiva. Después de al menos media hora, la camarera vuelve a decirnos que estaban comenzando la preparación de nuestro pedido y que pronto recibiríamos los platos, y justo después vino la dueña para desahogarse con nosotros sobre sus problemas de personal (mencionaba que un empleado estaba enfermo insinuando que no era cierto; no nos pareció profesional recibir esos detalles). Pasa una hora entera donde nadie nos pregunta si en la espera queríamos consumir algo más, ni nos confirmaron cuánto tiempo debíamos esperar. Precisamos que mientras tanto varias personas que llegaron después de nosotros ya habían pagado la cuenta, nosotros lamentablemente aún a boca seca. Finalmente llegan los platos, no simultáneamente, sino en intervalos de varios minutos entre sí, nos los lleva directamente la dueña en persona que una vez más se quejaba del estrés y la fatiga causados por el empleado enfermo. El pescado del día era ordinario, la pasta estaba salada y la cebolla (¿en la carbonara?) estaba cruda, haciendo todo el plato desagradable. Pedimos al camarero que nos traiga la cuenta y avise en la cocina, dentro de lo posible, que lamentablemente no terminamos los platos por el motivo arriba mencionado. Viene la dueña con la cuenta y, molestada, nos pregunta cuál era el problema, entonces explicamos que esperamos una hora y cuarenta por dos platos de pasta salada y con cebolla cruda mientras las otras mesas “nos superaban”: no reaccionó muy bien. Quería desmentirnos a toda costa diciéndonos que la pasta no era salada (la probamos entre tres) y que teníamos razón en que habíamos esperado, pero que ella tuvo problemas, no le interesó en cambio disculparse por la incomodidad. Finalmente nos dijo que la cuenta era de 62€ pero que podríamos pagar 50€, traté de responder que no era suficiente, entonces en tono tajante me dijo, “¿qué debo decirles, les regalo la cena? Les la regalo” (prácticamente tratándome de pobre). Hice lo que la propietaria no supo hacer durante todo el servicio: me levanté y me fui.
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